Un artículo de Glynn Davis, publicado en el portal inflés The Retail Billetin, recuerda que hace algunos años era habitual que la gente llevara bolsas de compra de supermercados como M&S y Sainsbury’s a Aldi y Lidl, en lugar de usar las que proporcionaban estos comercios, por la posible vergüenza de ser vista comprando en tiendas de descuento. Este esnobismo fue desapareciendo gradualmente a medida que la percepción cambió, agrega Davis, y en lugar de ver a quienes compraban en estos supermercados de rebajas como personas tacañas, se las empezó considerar inteligentes por comprar de forma económica. También se comprendió que los bajos precios no reflejaban necesariamente mala calidad y que, a menudo, los productos de marca propia de los supermercados de descuento eran de mejor calidad que las marcas blancas de los grandes supermercados.
Argentinian crisis
Volviendo a nuestros mercados, vale decir que este cambio no nos resulta nuevo. Un estudio de 2002 reveló que tras la crisis de diciembre de 2001 el segmento ABC1 compraba ropa en ofertas y esto era asumido como símbolo de prestigio y conducta inteligente. Tras aquella crisis, a las primeras marcas les llevó varios años recuperar lo que habían perdido en consumo a manos de marcas de segundo y tercer orden.
Hay un punto en el que las mediciones no pasan por clasificar por segmentos, sino por necesidad. Y ante la necesidad, el miedo no es zonzo y la medición más precisa de una crisis y de un proceso inflacionario es el bolsillo de cada persona. Al que es absolutamente inútil hablarle con el corazón.




